Hay veces en que la Verdad habla por nuestra boca sin que nosotros nos demos cuenta de ello. Así le ocurrió a Poncio Pilato en aquel primer Viernes Santo, cuando sin saberlo coronó Rey a Jesucristo con todo el protocolo establecido. Le ofreció un duro suplicio para ganar el trono, le impuso una corona, le vistió con una túnica de púrpura, le mostró públicamente como el Rey de todo el pueblo y le sentó solemnemente en el trono de la Cruz. Poncio Pilato, sin saberlo, estaba cumpliendo los designios del Padre, que quiso constituir a su Hijo como Rey del Universo por procedimientos muy alejados de aquellos que son propios de la constitución de los poderes de este mundo.
"Mi reino no es de este mundo", le dice Jesús a Pilatos. Claramente se había visto. Los poderes del mundo se establecen y se sostienen demasiadas veces a base de la violencia, la mentira, el interés propio y la coacción. El poder de Dios establece el reinado de Cristo sobre la mansedumbre, la Verdad, la generosidad del propio sacrificio y la libertad. A nuestra mente, parece una manera absurda de coronarse Rey...pero a la Verdad, demostrada por el paso del tiempo, le parece ser la manera adecuada: ¿dónde está el Imperio de Roma? ¿Dónde está el Reino de Dios?
Compara, y piensa en qué tipo de reino quieres desarrollar tu vida como ciudadano. Ser ciudadano del cielo, como dice san Pablo, es vivir según los principios del Reino que Cristo expresa en su comparecencia hoy ante Pilatos. Si piensas que vale la pena vivir en este Reino, pídele ayuda, para ser capaz de conseguirlo, porque Jesús es Rey que gobierna y ayuda, que impera y que protege, que legisla y ampara. Acógete al poder salvador del humilde Reino de Dios, acercándote a nuestro Rey coronado de espinas y crucificado, y vive ya en tu vida diaria el extraordinario poder que Jesús Resucitado otorga a los que confían en El. Señor, ¡venga a nosotros tu Reino!.

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