En estos días de calor anticipado se agradece especialmente el aire fresco, en el que reconocemos en seguida algo que nos alivia y nos recuerda la idea de la vida. Aire y vida. Vivir y respirar. Son más que una asociación de palabras. Son el ansia más profunda y el instinto más arraigado de todo ese complejo de necesidades que define nuestra naturaleza humana. Por eso hoy se nos presentan en la Escritura que acabamos de escuchar ambas palabras: la vida como promesa, el aire como regalo. Jesús, que en los domingos anteriores nos promete colmar nuestros deseos más profundos, de agua y de luz, hoy se compromete con cada uno de nosotros, que creemos en él, a colmar el deseo de vivir: “el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.Piensa despacio lo que significan estas palabras para tu vida de creyente. Y a la vez, admírate del regalo que Jesús nos ofrece para conseguir esa vida. Un regalo que es mucho más que el aire que nos vivifica y nos hace vivir “a pleno pulmón”. Es el soplo de Dios, el Espíritu Santo, el regalo de Jesús que es a la vez agua, luz y aire inagotable. Nos decía Ezequiel en la primera lectura “os infundiré mi Espíritu y viviréis”. Y recordaba san Pablo, en armonía con el profeta, “Dios vivificará vuestro cuerpos mortales con el Espíritu que habita en vosotros”. Vida y aire, Dios y Espíritu.
En el centro de ambas palabras, Jesús. A El tenemos que acudir para recibir esa fuerza vital que tanto necesitamos en esta vida de cada día, que nos va gastando poco a poco. “Es que no me da la vida para...” Por eso necesitamos una y otra vez renovar y ensanchar nuestra vida en Jesús. Hoy lo vemos de una manera radical en Lázaro, el mejor amigo –que conozcamos- de nuestro Señor. A él ya no le daba la vida para más, ciertamente. Pero el Señor se la renovó de raíz, hasta el punto de salir de la tumba, como un pequeño boceto de la Resurrección de Jesucristo.
Y a mí, ¿no me podría pasar hoy lo mismo que a Lázaro? Seguramente sí. Jesús devolvió a Lázaro la plenitud de la vida porque le amaba: “Jesús amaba a Marta, María y su hermano Lázaro... ¡Cómo le amaba!” Lo mismo que a ti, porque también a ti te ha dicho el Señor: “vosotros sois mis amigos”. Volvemos a descubrir de nuevo el amor personal, inmenso, que nos tiene Jesús a cada uno de nosotros, preparándonos para contemplarlo en su expresión definitiva: la Semana Santa. Cado paso de la Pasión, cada instante de una procesión, te están diciendo lo mismo: “no hay amor más grande que el de dar la vida por los amigos”. Por ti. Para que siempre encuentres nuevas fuerzas para seguir viviendo con esperanza y alegría.
¿Y cómo podría yo acercarme más a Jesús para recibir ese Amor suyo que da la vida? Intentemos imitarle. Hoy Jesús habla especialmente para dar una enseñanza inolvidable “a los que le rodean”. Sabe que lo que va a hacer con su amigo es un bien para éste, y a la vez un signo admirable para que aprendamos. ¿Cómo hace el Señor este signo? Con cuatro palabras: “Padre, te doy gracias”. ¿En qué podemos aprender e imitar para estar más cerca de él? En la gratitud permanente de cara a Dios. Dar gracias a Dios en todos los momentos y circunstancias de la vida, en la alegría de Caná y en el duelo doloroso ante el sepulcro de su mejor amigo. Dar gracias, como decimos en la Misa, “siempre y en todo lugar”. El agradecido, recibe más, se asimila más a Jesús y por tanto experimenta más intensamente la fuerza y la vida que El da.
Es la despedida de la Cuaresma. En la Pascua entraremos en la fiesta de la Vida. Pero para recibirla, el camino es que te acerques más a Jesús. Que pongas su amor como la primera fuerza de tu vida, y que recorras con su presencia el difícil camino de la confianza absoluta y agradecida en Dios, Padre y fuente de toda vida. Es difícil, pero es lo que Jesús nos ha enseñado para conseguir el premio de la resurrección y la vida. Miremos a la Virgen María, que junto a la Cruz de su Hijo persevera en acción de gracias a Dios, y espera que después del sufrimiento y la muerte la vida que viene de Dios se derramará en torrentes de agua inagotables y vivificadores.
