lunes, 14 de marzo de 2011

Defiende tu felicidad (I de Cuaresma)

Todavía con el aire de la ceniza en nuestra cabeza nos acercamos a la Palabra de Dios en este primer domingo de la Cuaresma. Se trata de la primera sesión de este gran gimnasio espiritual que abre la iglesia durante 40 días para que cada uno pueda fortalecer su vida espiritual, y así poder prepararse para la gran revisión y renovación anual que viviremos en la Pascua. Los hijos de Dios nos ponemos estos días en forma, mediante tres series de ejercicios espirituales, que son la penitencia, la oración y la limosna. Más austeros, más orantes, más generosos. Más felices.

Porque ya hemos experimentado muchas veces que la felicidad que tanto deseamos, y que los cristianos ya hemos encontrado, sólo es posible con un espíritu fuerte y puesto a punto. Por eso, en el fondo, el esfuerzo espiritual de estos días busca, como el deporte, ese tesoro que es la salud, que en el corazón se traduce como felicidad. Por eso nada más comenzar la Cuaresma, nos recuerda la palabra de Dios que cada uno de nosotros ha sido creado por El para ser feliz, y serlo cerca de El: “el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado”. Si Dios pensó en que existieras, pensó en tu felicidad, y te destinó al paraíso. Sin embargo, aunque Dios quiere nuestra felicidad, como Padre buenísimo que es, y además nos ofrece los medios necesarios para conseguirla, más veces de las que nos gustaría constatamos que no siempre somos felices. ¿Será quizás porque no siempre estamos cerca de El?

Sucede siempre lo mismo desde la tentación del paraíso. Dios nos ofrece la felicidad si confiamos, si creemos en su bondad, y el diablo, mediante la estafa que es la tentación, intenta engañar el corazón para que desconfíe de Dios y busque la bondad y la felicidad por otra parte. El resultado, es que el diablo nos roba la cartera de nuestra felicidad. La solución, aprender a defender nuestra felicidad de las seducciones del Maligno. El único remedio conocido, el que nos dice san Pablo: “si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida”. Es decir, acercarse a Cristo, aprender de El y experimentar en nosotros la nueva vitalidad de su justificación.

Acompañemos por tanto a Cristo en estos cuarenta días de desierto, en los cuales posiblemente el diablo reforzará nuestras tentaciones de pereza, desánimo, egoísmo, gula, lujuria, vanidad, codicia... Sentiremos muchas veces dentro de nosotros la corrosión de este cóctel explosivo, pero bien pegados a Cristo podremos digerirlo sin que agriete nuestra felicidad. Así lo hace El al final de sus 40 días en el desierto pedregoso y áspero de Judea. Cuando siente la tentación de acabar con las piedras de la carga y el esfuerzo y sustituirlas por el pan de la evasión y la comodonería, responde con la confianza plena en Dios y en su palabra, aunque a veces nos cargue de pesados deberes: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Cuando se ve movido en el alero del templo a exigir a su Padre Dios un signo extraordinario de su Providencia, responde con una afirmación extraordinaria de la esperanza: “no tentarás al Señor tu Dios”. Cuando la codicia del poder, la gloria y el ascenso a cualquier precio intenta envenenar su corazón, se vuelve a Dios como la fuente de lo único que merece la pena adorar y servir: el Amor, porque “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”.

Tres combates. Tres victorias. Así es Cristo. Por eso puede hoy, a tu lado, defender tu alma de las seducciones que quieren robarte la felicidad y conducir tu vida por un camino de frustración disfrazada de libertad y autorrealización. Sólo es libre el que vence a sus tentaciones con un alma fuerte, y sólo realiza su vida de modo feliz el que consigue volver a ese Paraíso que es estar habitualmente junto al Amor de Dios. Cristo nos enseña, nos fortalece, y además el día de la Pascua nos abrirá de nuevo el paraíso de la luz, del agua y de la vida. Basta con que ahora nos dispongamos a vivir con esfuerzo en este tiempo de gimnasia espiritual y ponernos bien cerca de Cristo por la oración y por la meditación de la Palabra de Dios (tres veces la ha citado hoy el mismo Jesús). El defenderá nuestra felicidad, la única forma de vida digna para un hijo de Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario