
Hoy nos toca pasar de los apuntes a las imágenes. Durante estos domingos Jesús nos ha ido enseñando muchas cosas para que las apuntemos en el centro de nuestra alma. Hoy, sin embargo, más que a apuntar nos invita a mirar. Mejor, a contemplar: “Miras los pájaros del cielo, mirad los lirios del campo”. Mirad en definitiva todo la hermosura que Dios nuestro Padre ha puesto como escenario de nuestra vida. Contemplad la creación, y ojala así sintamos la admiración que un corazón bien dispuesto siente ante las obras de Dios.
Dios lo hace todo bien. Si ha creado pájaros, bien se encargará de alimentarlos. Si ha creado lirios, bien se encargará de vestirlos. Con estas imágenes Jesús nos recuerda que todo lo creado muestra en su belleza y armonía la sabiduría del Dios creador, que desde siempre ha impresionado a la humanidad desde que ésta aprendió no sólo a ver lo que le rodea sino a contemplarlo e interpretarlo. Pero estamos en el sermón de la montaña, ese gran programa de vida para todo aquél que quiera vivir como un hijo de Dios. Por eso Jesús no sólo nos habla del Creador, sino que lleva nuestra mirada hacia el Padre. Si las criaturas gozan del cuidado y la protección del Creador, ¿cuánto más los hijos podrán disfrutar los cuidados y detalles de su Padre Dios?
Aquí descubrimos que uno de los frutos más hermosos que nos puede dejar la fe en Jesús es la serenidad. Una serenidad que se apoya en la confianza que tenemos en nuestro Padre Dios, quien es para nosotros más amante y más tierno que la mejor de las madres, como nos dice Isaías en la primera lectura, y se encarga de velar por nuestros problemas y necesidades como el mejor de los padres. En unas manos como las suyas podemos vivir seguros y serenos, hasta el punto de poder vivir lo que decíamos en el salmo: “descansa sólo en Dios, alma mía”.
Y es verdad que sólo en este descanso podremos vivir teniendo a raya el agobio que genera en nosotros el cansancio y la acumulación de problemas que son propias de nuestra vida. Por eso el que tiene fe puede ilusionarse con adquirir el gran lujo de vivir con menos agobios: “no os agobiéis, pues bien sabe vuestro Padre que de todo eso tenéis necesidad”. ¡Qué maravilla, comprobar en la vida diaria que a medida que nuestra fe va creciendo el agobio y el miedo van encontrando cada vez menos espacios para tender esos tentáculos que nos paralizan y estropean nuestras mejores energías!
Las palabras de Jesús nos mueven hoy, por tanto, a dejarnos querer por Dios, algo que a veces nos cuesta demasiado: bien porque nos vemos indignos, bien porque los agobios nos nublan la vista y nos impiden sentir el calor del Padre, bien porque olvidamos su presencia y acudimos rápidamente a “otros señores”, como el dinero, en los que podemos poner nuestra confianza… Déjate querer y cuidar por Dios, “no juzgues antes de tiempo”, como decía san Pablo, tus problemas y necesidades, como si sólo tú tuvieras que juzgarlos y resolverlos. Prueba a dejar tus cuidados y agobios en manos del Padre, y pronto verás que su amor por ti es real y poderoso.
Desde lo alto el campanario del pueblo se ve a todo el mundo muy muy pequeño, como canicas rodando por la plaza. Así de pequeños, como bebés, nos mira siempre nuestro Padre Dios desde la altísima inmensidad del Cielo. Y los bebes confían, descansan, y sueñas tranquilos en brazos de su madre, aunque a veces ella los lleve por caminos embarrados o aceras intransitables. Demos gracias a nuestro Maestro, que hoy nos ayuda a experimentarnos niños mimados y protegidos en el amor providente del Padre., aunque seamos viejos viejísimos. Volemos por tanto por la vida con la alegría de los pájaros, y sintámonos bien arropados, como los lirios, por los abrigos tejidos por Dios para abrigarnos y llenar nuestra vida de serena belleza.
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