Visitar el desierto es una atracción turística de primer interés: dunas, oasis, palmeras, pirámides, cocodrilos… Pero se convierte en una experiencia desagradable si en vez de turista vas como fugitivo. Así va el pueblo de Israel en la primera lectura, perseguido por los ejércitos del faraón, despojado de bienes y seguridad y ahora, como colmo de males, atacado por los terribles amalecitas. En esta situación desesperada toman una decisión sorprendente: se dividen en dos. Moisés sube con dos ayudantes a un alto para rezar a Dios sin descanso, levantando las manos, mientras Josué con el grueso de los israelitas se enfrenta al agresor. Parece una pérdida de recursos, dedicar gente a algo tan poco práctico como rezar en ese momento. Y sin embargo el resultado es mejor que el esperado: “Moisés sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol y Josué derrotó a Amalec”. Esta escena del libro del Éxodo ilustra un principio esencial para el creyente que está en situación difícil. Un principio que casi tiene forma matemática: oración + acción = solución. O como dice nuestro refranero de forma más castiza: “a Dios rogando y con el mazo dando”.El que reza, como dice el Papa, nunca pierde el tiempo. Esta ecuación del creyente nos recuerda que tenemos en la oración un recurso de enorme poder, que sería absurdo mutilar, pensando que no sirve en este mundo o que nos quita demasiado tiempo. El creyente sabe sumar muy bien los recursos que nos proporciona el mundo con la oración, para sacar adelante todo tipo de situaciones difíciles. Lo que hemos visto estos días en Chile nos lo pone bien claro delante de los ojos. Decía uno de los que han participado en el rescate de los mineros que han sido capaces de hacerlo “gracias a la perseverancia y a la oración”. Y ese uno no era el obispo ni el párroco del lugar: es el ingeniero responsable de la perforadora que ha obrado este rescate maravilloso. Todos podemos tener una experiencia similar del poder de la oración, aunque a veces los impíos, que así se llaman según el diccionario los que viven faltos de religión, los que como el juez injusto “no temen a Dios ni les importan los hombres”, pregunten una y otra vez ¿para qué te sirve rezar? ¿Por qué perder tiempo cuando hay tanto que hacer? Cuando dejamos espacio a la oración nuestro tiempo y nuestra capacidad se multiplican.
La Escritura nos recuerda hoy que Dios está siempre pendiente de nuestra oración, como decía el salmo: “el Señor guarda tus entradas y salidas ahora y por siempre”. Por eso san Pablo enseña a su discípulo Timoteo que debe apoyarse en su Palabra “a tiempo y a destiempo”, en todo momento, igual que el Señor recomienda a sus elegidos que “clamen día y noche”. Así, Jesús no sólo nos recuerda, como Moisés, el poder de la oración y de la fe, sino que nos enseña dos características esenciales: es necesario que sea perseverante y, como dicen de los equipos de fútbol, inasequible al desaliento. En definitiva, podemos aprender hoy que una oración llena de confiada perseverancia obtiene que al final “Dios haga justicia sin tardar”.
Cuando rezamos Dios nos hace justicia, es decir, nos concede lo justo, lo conveniente, lo mejor según la Sabiduría de Dios… que no tiene por qué coincidir, y de hecho con frecuencia no lo hace, con nuestros deseos o con la solución que nosotros esperábamos. Dios nunca dejará de darnos lo justo si lo pedimos con una oración llena de fe, y además nos ayudará a agradecérselo siempre, aunque a veces nos cueste entender sus soluciones. El no fallará. Pero nuestra fe, posiblemente sí. Por eso el evangelio de hoy nos deja su última pregunta como un eco: cuando Jesús se acerque de nuevo a tu vida, para darte la solución a esa situación que te está preocupando tanto… “¿encontrará fe en tu tierra?”.
Viviendo cerca de la Virgen María podrás responder que sí, o que al menos harás todo lo posible por conservar tu fe. La Iglesia venera a la Madre de Dios como modelo de omnipotencia suplicante: su oración delante de su Hijo lo obtiene todo. Ella nos ayudará a rezar con su confianza y su perseverancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario