domingo, 3 de octubre de 2010

Confianza, y de raíz (Domingo XXVII C)

Mirar al más allá viene siendo la consigna de Jesús en los últimos domingos, cuando nos hablaba de las "moradas eternas", o de ese dulce lugar "del consuelo, de la luz y de la paz", significado en la imagen del "seno de Abraham". Pero nuestra fe no es sólo para el más allá. A Jesús le interesa guiarnos también en el "más acá", en nuestra vida de cada día, y por eso también en nuestra vida cotidiana la fe nos puede iluminar con sus consejos. Por ejemplo, el que le da san Pablo hoy a su discípulo Timoteo: "vive con fe y amor en Cristo Jesús". Llenar todo tu día de fe y de amor.

Vivir con esta fe es una experiencia que podríamos describir de muchas maneras, pero las palabras del Evangelio de hoy nos invitan a quedarnos sólo con una de ellas: la fe como confianza ilimitada en Jesucristo. Bien sabemos que "la fe mueve montañas",o , como dice san Lucas hoy, con la fe "haríamos que una morera se arrancara de raíz". Las raíces de la morera son recias y destructivas, levantan suelos y bloquean cañerías. Por eso nos recuerdan a nuestra vida diaria, amenazada por las raíces malas e imprevisibles de las dificultades, problemas, dolores, limitaciones... que también levantan nuestras seguridades y bloquean nuestras capacidades. Sólo con una gran confianza en Jesús podremos arrancarlas. Por eso san Mateo añade aquí estas palabras de Jesús: "si tuvierais fe, nada os sería imposible".

Vivir con fe incluye por tanto confiar en Dios para lograr lo imposible. Así lo veía el profeta Habacuc, quien en medio de una sucesión de calamidades, entre la invasión asiria y la amenaza de la pronta desolación babilonia contra Israel, se queja con amargura de la violencia, los agobios, la ruina...Y recibe de Dios estas palabras: "confía y espera, porque la salvación llegará sin tardar". Esta receta no sólo valía hace XXVII siglos, también ahora vemos que hay personas que viven gracias a esa confianza. Emociona el testimonio de Mario Nicolás Gómez de Heredia, 63 años, 4 hijos, minero atrapado desde el 17 de agosto en la mina san José de Chile con 32 compañeros. En la carta a su familia dice: "Gracias a Dios, espero salir pronto. Paciencia y fe. Dios es grande, y la ayuda de mi Dios nos va a lograr salir con vida de esta mina, aunque tengamos que esperar meses". No parece que esta declaración salga mucho en los medios, quizás no interesa demasiado a algunos... pero seguro que a nosotros sí nos interesa. Seguro que en la situación que tenemos cada uno en casa nos vendría más que bien vivir con esta fe.

¿Vives con una fe así? Quizás ves que tu fe todavía es demasiado pequeña, que no te da fuerzas para arrancar las malas raíces que invaden tu vida con la energía de los profetas. Por eso los apóstoles de Jesús te recuerdan el gran remedio: pedirla. La fe crece cuando se pide, cuando, como hemos leído en el salmo, "escuchamos la voz del Señor y no endurecemos el corazón". La fe crece cuando se pide con humildad y con un corazón dispuesto a escuchar a Dios. Precisamente la causa de nuestra poca de puede estar en que nos cuesta ponernos así delante de Dios. Jesús pone el ejemplo del siervo que intercambia los papeles con su Amo para enseñarnos lo que nunca deberíamos hacer. Nunca podemos olvidar que delante de Dios somos "siervos pequeños, míseros e inútiles". ¿Qué te debe Dios para que le exijas tanto? ¿Cómo podríamos imponerle al Señor lo que tiene que hacer o cómo debe servirnos? Nos conviene aceptarnos como siervos humildes delante de Dios, confiar en El y esperar con paciencia a que El nos diga cuándo podremos "comer y beber", recibiendo sus bienes.

Por eso vivir de fe es vivir como un niño pequeño delante de Jesucristo, sin pretender atarle las manos con nuestras exigencias e imposiciones, sino poniendo nuestra mano ante El y diciéndole, "Señor, auméntanos la fe". Así, nada nos será imposible. Hace poco celebramos a santa Teresa del Niño Jesús, quien nos dice: "de Dios se recibe tanto como se espera". Pídele a Dios tener esa confianza, poder decirle siempre "Jesús, confío en ti" y vive tu experiencia de fe cerca de la Virgen María, más en este mes del Rosario y del Pilar. Siendo la humilde sierva del Señor y confiando en El sin miedo, ha sido capaz de vencer al Mal con fortaleza y ser coronada como Reina y Señora.

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