lunes, 27 de octubre de 2014

 

EVdHOY: "Jesús llamó a aquella mujer enferma y encorvada y le dijo: 'Mujer, quedas libre de tu enfermedad'.Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha". Años de enfermedad para aquella mujer, encorvada sobre su cuerpo, y quizás también sobre su corazón, se desvanecieron cuando Jesús la miró con compasión y la sanó con sus propias manos. Cada vez que nos confesamos se revive esta escena. Nuestro corazón reseco y encorvado se pone derecho y en pie cuando el sacerdote nos trae la Misericordia del Corazón de Jesús y la ternura sanadora de las Manos de Cristo. Todo lo que nos ata se desvanece ante el poder sanador de Jesús en la Confesión, cuando acudimos a ella con humildad y con un corazón dispuesto a volver a empezar.

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