domingo, 17 de febrero de 2013

Tiempo de taller (Cuaresma I)

Tenemos ya sabido que el tiempo de Cuaresma es un intenso periodo de taller. Queremos disponer lo mejor posible nuestra vida espiritual para recibir lo mejor posible la Luz del Resucitado en las fiestas de Pascua. Y dados los rotos que llevamos encima, las "tribulaciones" de las que habla el salmo responsorial, el paso por el taller es para cada uno de nosotros más que recomendables. Tiempo de taller, de revisar nuestros rotos...y de tratar de facilitar a Dios el camino para la reparación necesaria.

Es fácil ver la cantidad de tribulaciones que azotan el mundo, también lo es comprobar las tribulaciones que golpean nuestras familias en estos tiempos de crisis económica, social y moral. Pero el Evangelio de las tentaciones de hoy nos recuerda que todo arreglo ha de empezar por nuestras tribulaciones interiores. Está calro que Jesús sufre exteriormente, las penalidades del desierto y el hambre nos lo confirman. Pero el gran combate que desempeña Jesús tiene lugar en su Sagrado Corazón, que es donde recibe, como punzantes dardos de tribulación, las tentaciones, pruebas o embestidas, del diablo. 

Son tres, pero son todas. El evangelio nos dice que "se completaron todas las tentaciones", como si nos quisiera recordar que en la lucha de Jesús contra el diablo están completamente resumidas todas nuestras tentaciones. Todos los rotos interiores que deberíamos enderezar en esta Cuaresma con la gracia de Dios. Basta ver despacio las tentaciones de Jesús para darnos cuenta de que se parecen mucho, sorprendentemente a las nuestras.

La primera consiste en renegar de las piedras para convertirlas en pan. Si las piedras son un símbolo casi perfecto de los problemas, reconocemos enseguida la facilidad que tenemos para renegar de ellos y soñar en una vida feliz, donde todo sean panes. Demasiadas veces nos resistimos a aceptar los problemas que se clavan en nuestros pies como piedras en el zapato. Demasiadas pensamos que sólo una vida en zapatillas, cómoda feliz y sin problemas, es una vida que merece la pena. Pero "no sólo de pan vive el hombre". También hay que aprender a vivir, aceptándolo, el momento de la dificultad, poniendo nuestra confianza no en nuestro deseo de comodidad, sino "en toda Palabra que salga de la boca de Dios". Haya panes o lluevan piedras.

La segunda, ese ascenso al monte de las maravillas del mundo, nos recuerda el deseo que tenemos a veces de crecer en la vida a base de nuestra codicia. "Todo el mundo se me ha dado", le insinúa el diablo a Jesús, y es eso verdad en la terrible medida en que este mundo se rige por la codicia, el orgullo y la mentira, los tres principios por los que el diablo desarrolla su presencia poderosa en nuestro mundo. Subir a base de estos principios es una tentación demasiado poderosa a veces...corresponde muy bien con el deseo de mandar y casi de ser adorados que sentimos muy dentro cuando pensamos en cuál es nuestro puesto en el mundo. Si todo el mundo hiciera mi voluntad...Si tuviera todo lo que desea mi corazón...Si yo fuera el centro de todas las decisiones...¿sería más feliz? Quizás no. "Sólo al Señor adorarás". Sólo arrodillándose delante del Dios de la Generosidad, la Misericordia y la Verdad, se puede ascender verdaderamente en la vida.

La tercera sugestión del diablo pretende que el Hijo desconfíe de su Padre. Pedirle pruebas, ponerle en compromisos, exigirle explicaciones...tentarle. La estéril tentación de la desconfianza en Dios y en sus planes amorosos, que tantas veces deja sin fruto nuestra vida de fe. Ante estas íntimas rebeliones del corazón, cuando no entendemos los planes de Dios, ni podemos confiar en unos planes como los suyos, que tantas veces son incomprensibles, recordamos de nuevo la Palabra de Jesús: "No tentarás al Señor tu Dios".  No amargues tu fe con la desconfianza en Dios que sólo saber ser contigo un Padre buenísimo.

Podemos examinar si estas tres tentaciones, en las que se resumen buena parte de nuestras tribulaciones interiores, nos dan luz para descubrir nuestros rotos interiores. Especialmente esas grietas que sin darnos cuenta pueden ir fisurando nuestra relación con Dios. Un buen examen de comienzo de Cuaresma nos ayudará a descubrirlas. Y una sincera oración ante Jesús nos ayudará a resolverlas como El, a base de oración y confianza en nuestro Padre Dios. Tenemos mucho tiempo de taller. Aprovechemos para arreglar los rotos, aprender a conocernos más y, con la ayuda de la Gracia, seguir disponiendo nuestra alma para una relación más sana y confiada con Dios, comienzo necesario para arreglarnos a nosotros mismos, y ayudar a nuestro Padre a sanar las tribulaciones de este mundo.

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