domingo, 8 de marzo de 2015

Fiarse de estos consejos (Domingo III de Cuaresma)



En caso de que tengamos alguna avería en la carretera nos viene de maravilla que al llamar a emergencias alguien nos responda. Qué alivio cuando el servicio de asistencia nos responde, nos asegura que se hace cargo de todo y además nos da consejos para ir aguantando mientras llega la solución. Para averías, el pueblo de Israel, a quien estamos acompañando en estos días de la Cuaresma. La opresión en Egipto, la huída apresurada el desierto, el agotamiento del camino... y en ese itinerario de averías, cuando llama a Dios, El responde, y lo hace con unas palabras maravillosas: “Yo soy tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud”. Qué maravilla, escuchar al Dios de la Alianza, que se hace cargo de toda tu vida, que ha querido definirse como “tu Dios”. Y por si fuera poco, como los buenos servicios de asistencia, te ofrece un buen puñado de consejos no solo para aguantar el tipo, sino para “que se prolonguen tus días en la tierra que tu Dios te va a dar”.

Hoy se nos recuerda que Dios tiene un buen puñado de enseñanzas que ofrecerte. Es hermoso recordar, como hacíamos el primer domingo, que el arco iris es permanente; que aunque es nuestra orilla diluvie en la orilla de Dios siempre sonríe el sol. Es hermoso recordar, en el modelo de Abraham del domingo pasado, cómo Dios nos ayuda a perseverar más allá de los límites comprensibles, cuando la subida al monte de la Transfiguración se hace demasiado pesada. Pero es hermoso también saber que El cuenta con que le escuchemos, que quiere tener ese trato de diálogo amoroso con cada uno de nosotros. Por eso intentamos hoy volver a escuchar esos grandes consejos que son los Diez Mandamientos. A ser posible, no como quien oye llover una retahíla de preceptos ya aprendidos de memoria, sino como quien sabe que si Dios nos habla es porque tenemos una apremiante necesidad de escuchar sus orientaciones. Necesitamos que con ellas se pueda arreglar nuestra averiada vida, que “se prolonguen nuestros días”, y se llenen de sentido y valor.

Por eso intentamos fiarnos de esos consejos, pero no sólo porque los necesitamos, sino porque también experimentamos que con nuestros propios consejos muchas veces el camino averiado se convierte incluso en vía muerta. El Evangelio nos recordaba que ninguno de nosotros puede considerarse de plena confianza, cuando dice que “Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos por dentro”. Dios sabe de primera mano la fragilidad de nuestro corazón y la facilidad con la que nos podemos formar juicios equivocados sobre las personas y sobre las acciones. Dios sabe también que la conciencia dejada a sí misma, o flotando en la deriva del relativismo y el sálvese quien pueda, termina por encallar en arrecifes peligrosos. Por eso nos propone esos consejos seguros, de los cuales podemos fiarnos para modelar con ellos nuestra vida.

Podemos fiarnos porque, en resumen, todos los preceptos de Dios se resumen en dos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Podemos fiarnos porque un amor como el de Jesucristo, que muere en la Cruz por amor al Padre Dios y por amor a cada uno de nosotros, es un amor digno de confianza. Nos dice hoy san Pablo “nosotros predicamos a Cristo crucificado”. Como si nos recordara que todos los consejos y normas de vida que se nos predican de parte de Dios tienen su modelo y su fuerza en la Cruz de Jesús, resumen perfecto de los preceptos de Dios. No siempre entendemos lo que Dios nos propone, no siempre nos parece razonable en este mundo tan poco razonable para las cosas de Dios, no son un conjunto de consejos fáciles para una vida sana y feliz... Pero desde luego son absolutamente fiables para enderezar todas las averías y desorientaciones de nuestra vida.

Agradecemos hoy a Dios su cercanía a nuestro ajetreado viaje, la prontitud con la que responde a todas nuestras necesidades, y la bondad que muestra regalándonos esos consejos para poder llevar una vida verdaderamente sana y “prolongada”. Acojamos esos consejos de corazón y, si un Amor así merece tu confianza, escúchale con atención y reverencia, y pídele que tu vida refleje perfectamente esos consejos, porque así toda tu vida hablará amor.

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