"Su
señor le dijo: Eres un siervo bueno y fiel. Como has sido fiel en lo
poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Todo
trabajo es más llevadero y ligero cuando le espera un premio
extraordinario. Nuestro trabajo de cada día, poco o mucho, adquiere un
valor extraordinario cuando se lo ofrecemos a Dios. Así nos hacemos
trabajadores suyos, y por tanto, merecedores de su premio...que siendo
de Dios es, más que extraordinario, divino: pasar eternamente a la
fiesta que es el banquete de Amor del Cielo. Ese poco ofrecido cada día,
en la prosperidad o en las adversidades, irá atesorándose para el gran
Abrazo con el que quedará pagada toda nuestra vida.

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