Sin duda que aquellos dos hermanos, los hijos de Zebedeo, Santiago el Mayor y Juan Evangelista, tenían muchísima fe en Jesús. Podían vivir en profundidad lo que dice hoy la carta a los Hebreos: Mantengamos firme la confesión de nuestra fe. Confiesan su absoluta confianza en Jesús con una audacia increíble, que ya nos gustaría tener a nosotros en nuestra relación con el Señor. Pero aunque tienen mucha confianza, tienen poca caridad, y por eso tienen una fe grande pero defectuosa. Piden llenos de confianza, pero lo que piden es tan sólo para su propio interés. Por eso su fe no funciona. Y el Señor tiene que enseñarles una vez más, como a ti y a mí tantas veces, lo que hace que una fe funcione de verdad.
No basta la confianza. La fe que funciona es la que desea beber el cáliz que Yo voy a beber y ser bautizada en el bautismo con que me voy a bautizar. Es la fe que llega a ser capaz de compartir el sufrimiento y el dolor, el cáliz de Getsemaní y el bautismo de sangre de la Cruz. La fe se hace verdadera en la experiencia del sufrimiento. Es propio de la fe pedir a Dios que nos llene de gloria y de bienestar. El es el primero que lo quiere hacer. Pero es digno de una fe madura pedir fortaleza en la oscuridad y el sufrimiento. Acompañando a Jesús Crucificado, quien, como decía Isaías, fue quebrantado con el sufrimiento y llevó la luz a su descendencia. El papa canoniza hoy a Anna Schafer, ejemplo increíble de identidad con Jesús en el sufrimiento y la enfermedad, como para recordarnos esta nota esencial de la fe.
Por si fuera poco, Jesús propone a Santiago y Juan un camino más. Deben pedir fortaleza en el sufrimiento, pero deben buscar también el camino del servicio. Creer en Jesús es en el fondo dar nuestra confianza a Aquel que siendo Dios, no ha venido a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate por muchos. La fe nos lleva, si funciona de verdad, a pedir fuerzas para seguir acompañando al Señor en el servicio a los que más cerca tenemos. También hoy es canoniza en Roma Carmen Sallés, fundadora de las Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, quien dedicó toda su vida a servir a las mujeres que en su época no tenían acceso alguno a una educación profesional.
Grandes ejemplos de fortaleza en el sufrimiento y de perseverancia en el servicio. Grandes ejemplos de una fe que funciona de verdad. Grandes ejemplos que hoy vemos en los misioneros, quienes llevan por toda la tierra este divino deseo de compartir los sufrimientos de los pueblos y de servirles con la entera entrega de su vida para que en ellos prospere la fe, la esperanza, la caridad y el progreso material y humano. Grandes ejemplos que hoy nos mueven un poco más a mirar a Nuestro Señor y pedirle una fe que funciones. No sólo para conseguir lo que deseamos, sino especialmente para saber sufrir y poder servir.

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