Más de uno va a aprovechar estos días de vacaciones y mal tiempo para preparar la instalación del belén en casa. Quizás se nos ocurre poner este año algo nuevo, porque en un belén cabe casi de todo, incluidos los coches, como aquellos niños que ponían en su belén tres 4x4 para que los Reyes Magos llegaran más rápido con los regalos… En cualquier caso, lo que nunca habremos visto en un belén es una figura de san Juan Bautista, adusto, austero, áspero, lleno de fuego y de fuerza moral, entregado por completo a proclamar la inminencia del juicio de Dios, para que conmovidos hagamos penitencia y nos preparemos a recibirle.Con toda razón no está en los belenes, pues no es un personaje de Navidad, sino de Adviento. De hecho, detrás de la Virgen María, cuya Inmaculada Concepción vamos a celebrar en breve, es el personaje del Adviento. Y lo es porque su mensaje es muy claro: Dios viene, es adviento, pero no basta con que Dios venga. Hay que preparar su venida. O en otras palabras, la Navidad no viene, se prepara. Para que la Navidad sea verdadera no basta con que en el calendario ponga 25 de Diciembre; es necesario que en el corazón ponga “Jesús, te necesito y estoy dispuesto a cambiar por Ti”. Una Navidad sin preparar en una Navidad falsa, o al menos estéril. Por eso un Adviento sin el Bautista conduce a una Navidad sin Jesús, aunque todo a nuestro alrededor hable del Niño, de los peces en el río y de las figuritas del belén.
Es natural. De nada vale que tengas una fuente en casa si no tienes ni ganas ni capacidad de beber de ella… salvo para llenarla de peces de colores, que adornan pero no ayudan. Nos ha dicho san Pablo que “Dios es una fuente de consuelo y de paciencia”. Y esa fuente va a brotar en Navidad. Por eso san Juan Bautista realiza su tarea junto al río Jordán. Nos recuerda ese río de gracia que va a abrir Dios viniendo a nuestro mundo. Un río que se puede contemplar con verdadero deseo de cambiar y beber o simplemente por curiosidad. Una Navidad, entonces, vivida de corazón o de calendario.
En tiempos del Bautista había muchas personas que acudían con verdadero deseo de cambiar y de recibir algo nuevo de manos del Dios que se acercaba, pues “confesaban sus pecados y eran bautizados por Juan”, quedando así bien dispuestos a recibir a Jesucristo. Otras muchas, sin embargo, se acercaban por curiosidad, siguiendo la costumbre “de toda Judea y Jerusalén”. Igual que los curiosos que acuden a la plaza cuando hay un espectáculo, saduceos y fariseos se asomaban al Jordán para ver qué pasaba allí. Los saduceos no querían cambiar, claro. Eran la clase dominante de la política y la economía, y se llevaban demasiado bien con este mundo y sus corrupciones y luchas de poder como para esperar algo del otro mundo. Los fariseos tampoco tenían mucho interés por cambiar. Tenían ya su parcela religiosa completa, y la idea de poder tener una relación personal más profunda con Dios les desconcertaría. Ya tenían su vida religiosa apañada.
Ninguno de estos quería cambiar y acercarse a beber el agua nueva. Por eso el Bautista les dice que se quedarían como el árbol seco “ya toca el hacha la base del árbol, y todo árbol que no dé fruto será talado y echado al fuego”. ¿Y tú quieres cambiar? ¿Te vas a quedar anclado en tus intereses y egoísmos cotidianos? ¿Piensas que tu vida de fe no puede crecer ni recibir algo nuevo de parte de Dios? No seamos como los saduceos y fariseos, para no tener una Navidad seca que nos deje ese poso de amargura y nostalgia triste de la Navidad pagana, que huye a toda prisa de la figura del Bautista. Acércate al Dios que viene con un corazón humilde, purificado por la confesión y con un sincero deseo de cambiar y de mejorar tu vida por El.
María Inmaculada se pondrá a tu lado, para abrir tu corazón a la llamada del Bautista, su sobrino, y mover tu alma a un sincero deseo de conversión. Entonces tú mismo te convertirás en un río de gracia y de paz, que alivie la sed de Amor que sufren Dios y nuestro mundo.
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